MINIPONY: ESTAMPAS DE EQUILIBRIO

Estampas del equilibrio
Por Diego Pazmiño El beso de la desgracia Él y Ella están amarrados en su casa. Un grupo de asaltantes los siguió hasta la entrada y los ató, el uno al otro, mientras se llevaban todos sus equipos. Ella clava la mirada a uno de los ladrones y se atreve a hablarle: “déjanos el disco duro, a ti no te sirve de nada”. El delincuente regresa a ver al aparato, luego a Ella, y decide dejarlo sobre la mesa vacía. Se llevaron todo, una guitarra de 9 cuerdas, sintetizadores, micrófonos, pedales, computadoras, todo. La pareja queda sola, apenas con el disco duro en el que tenían grabado el disco “Imago”, debut de su banda alterna, llamada Minipony. Un mes después del asalto, Filippo Brandimarte, baterista de El Karmaso, su banda principal, fallece en un accidente de tránsito mientras entregaba un pedido en su motocicleta. El vacío es inenarrable, y esta banda hace un tácito pacto de silencio, en tributo a quien, según la pareja, fuera su referente de compromiso y profesionalismo. Así lo recuerdan: “Era la persona más profesional que hemos conocido, él nos llevó al nivel que ahora tenemos”. El Karmaso, luego de conquistar los escenarios más grandes del país, como Quito Fest o Festival FFF, y ganarse el reconocimiento del receloso público ecuatoriano, se toman un incierto y respetuoso tiempo fuera de la escena. Colores de El Karmaso La pareja vivía en Italia durante la primera década del siglo XXI. Emigran, entrando a sus veintes, para estudiar: Él, Amadeus Galeano, producción musical y Ella, Emilia Moncayo, fotografía. Estan juntos desde los 13 años, y a la par comenzaron a hacer música, actividad que ha sido su vínculo por más de 25 años. Ya en Italia, forman El Karmaso, banda que fusionó rimas con algunos géneros como drum´n´bass, rap, rock progresivo y metal dentro de una música que recuerda a agrupaciones como Rage Against the Machine, por su contenido social y sonoridad. Luego de sus primeros conciertos en escenarios italianos, empezaron un interminable proceso para producir su álbum debut, DeaMadre, de la mano de Alessandro Scala, profesor de Ingenieria de sonido de Amadeus. Este reconocido productor italiano, que ha trabajado en discos de grandes del pop europeo, como Laura Pausini o Eros Ramazzotti, fue quien enseñó cómo captar y potenciar el sonido de una banda a Amadeus, y es lo que hasta hoy el músico ecuatoriano aplica tanto en sus proyectos personales, como en su trabajo profesional con otras bandas: “Tuve la suerte de que Alessandro me agarró mucha buena onda. Cuando terminamos el curso de grabación, él estaba buscando a un grupo que quisiera grabar batería. Yo propuse a El Karmaso, fuimos al estudio, tocamos y la gente se cayó de culo. Lo que empezó como un ensayo de grabación para un fin pedagógico, terminó en una relación intensa con Scala para grabar nuestro primer disco”. Las sesiones de producción de DeaMadre eran minuciosas y agotadoras, el proceso duró más de 3 años: “Interminable. Estábamos sentados horas enteras frente a la computadora, escuchando cientos de redoblantes, para definir el sonido de la batería. Pasábamos oyendo: Taas… Taaaaas… Tassss toda la semana”. Esta frustrante espera fue la que, a la larga, desencadenó la historia de Minipony, que al día de hoy también ha triunfado en los escenarios ecuatorianos y que está recorriendo América y Europa con su música. Minipony en blanco y negro Amadeus decide aplicar lo aprendido de Scala en la producción del que para la época era su proyecto alterno, Minipony, banda de metal progresivo que forma junto a Emilia, con la intención de respirar fuera de la absorbente atmósfera de la agrupación italo ecuatoriana. Su nombre busca parodiar las estructuras del mundo del metal pesado; en Minipony se encuentran entonces la temible actitud de un orco sobre la ternura de un minúsculo pony. Entrando en su universo musical, lírico y estético, hay un matrimonio entre la energía femenina y masculina de sus fundadores: Emilia y Amadeus; es la unión de un conjunto de equipos complejos, con la sensibilidad de una poesía transparente. Minipony plantea el equilibrio entre la creatividad de la pareja; él es el sonido, ella la estética visual; él lo técnico, ella lo poético; él compone las estructuras de las canciones, ella escribe las letras. Un camino cruzado Sale el sencillo “Milk With Silk” en 2013. La música la produjo Amadeus y el video lo editó Emilia, juntando 3291 fotografías en blanco y negro, para crear un stop motion que cuenta la onírica historia de un amor alucinado. Su estética monocromática contrasta con la complejidad rítmica del tema. En general, Minipony propone canciones de ritmos complejos y armonías simples, típicas del math rock, que es un subgénero del rock progresivo. Su sonido es un claro gesto de admiración al trabajo de bandas de metal como Meshuggah. Sacan “Milk With Silk” y empieza a palpitar esta historia; salen del eclipse de la contundente propuesta de El Karmaso y trazan un camino propio. Alessandro Scala, a decir de Amadeus, queda impresionado y acelera la producción de DeaMadre. Sin embargo, Minipony sería, poco después, el grupo oficial de la pareja. Desde las cenizas “Si tenemos que empezar de cero, entonces hagámoslo, y hagamos lo mejor que podamos”. Las palabras de Amadeus a Emilia, luego del beso de la desgracia, hacen su magia, y se manifiestan en una realidad tangible. Empiezan a gestionar de cero un proyecto que se levanta y surge del vacío y la pérdida. Si fue complicado digerir la propuesta experimental de El Karmaso, fue aún más complicado abrir paso a Minipony entre la escena metalera, donde ciertas facciones puristas no comulgan con bandas que no calzan en los moldes a los que están acostumbrados, sin embargo, la pareja ha logrado construir un público que entiende a la banda, la sigue y disfruta de su espectáculo, caracterizado por sus altos estímulos sensoriales. La magia se manifiesta Están parados en el escenario más grande de sus carreras, el festival mexicano Hell and Heaven del 2020, que tenía como cabeza de cartel a Deep Purple. El concierto fue excelente, pero minutos antes de subir a tocar, les informaron que las fronteras de Ecuador se habían cerrado, debido al Covid 19. “Fue alucinante presentarnos ahí, pero no pudimos quedarnos, disfrutar, hacer contactos. Corrimos a buscar vuelos para regresar”. Viajaron con su hija recién nacida, ignorando, por fortuna e instinto, la recomendación de dejarla en casa, porque era mucho ajetreo para una bebé de 3 meses. Pasaron ahí más de un mes, luego de que todas las posibilidades de volver cayeran, una tras otra. En México sobrevivieron engordando la cuenta de la tarjeta y economizando cada uno de los centavos que llevaron para un viaje de 1 semana. Lograron regresar en un vuelo humanitario que les costó el doble de un pasaje normal; les obligaron a pasar su cuarentena en un hotel al que llegaban decenas de viajeros en la misma situación: aislamiento obligatorio. Aquel espacio era un caldo de cultivo que la pareja no estaba dispuesta a vivir junto a su hija. Movieron cielo y tierra para obtener luz verde y cumplir el encierro en su casa, pero nada, solo recibieron el escarnio público de una funcionaria que les dedicó un tweet llamándolos, sarcásticamente, “angelitos” por no querer acatar la norma sanitaria. A continuación recibieron una oleada de tweets, acusándolos de irresponsables. Que esto no se detenga Ahora encaran a miles de personas, en el Tatoo Music Fest, en Bogotá. El público no les da una bienvenida calurosa. Se escuchan pifios de una multitud que no sabía qué esperar de un grupo de metal llamado Minipony. Tocaron y las cosas se dieron la vuelta. Bajaron del escenario sus 3 músicos, entre los aplausos de una multitud de algunos miles de personas que disfrutaron del espectáculo. Su equipo técnico, conformado por 11 personas con las que viajan a cada show, mostró conocimiento y profesionalismo tras los escenarios, lo que sumado al concierto, dejó abiertas las puertas a Minipony dentro de la escena colombiana y en alto el nivel musical del Ecuador. Regresan a seguir con su vida. Durante la pandemia, y ante la paralización de la actividad cultural en el mundo, abireron Olmo, un rincón de comida italiana, ubicado en Lumbisí. El local nació con la idea de vender lasañas a domicilio y despachar pedidos dentro del barrio, pero al ver que durante la espera la gente se tomaba una cerveza o un vino, la propuesta se amplió a servicio a la mesa, lo que les permite continuar con su actividad musical, y compartir su pasión por la gastronomía italiana en el Ecuador. De vuelta al ruedo Me encaminaba al Soundgarden, sala de eventos ubicada en Tumbaco, para asistir al lanzamiento de Ajna segundo disco de la banda. Era un festival con varios grupos del circuito underground del país, como Sal y Mileto y Descomunal que se presentaban luego de años de confinamiento obligatorio. Al frente, como siempre, el pogo de entusiastas; atrás, puestos con mercadería; entre puesto y puesto, gente disfrutando de la conversación y una o dos cervezas. Los estándares técnicos del evento fueron altos, el sonido claro y nítido, las bandas presentaron un repertorio sólido, el espacio era cómodo y bien equipado y la iluminación a la altura, sobre todo en el set de Minipony, cuyo técnico de luces es como un cuarto integrante que incluso ensaya cada semana con la banda, para conseguir un espectáculo en donde se coordina luz y batería. El resultado fue un evento que a decir de varios asistentes, estuvo a la altura del nivel internacional. Ajna surge como un contundente golpe dentro de la escena local. Minipony es referente de lo mejor del país. Luego de tocar en eventos como el Verano de las Artes, Festival ContraCorriente, Quito Fest, etc, no encuentran su techo en Ecuador, y proyectan su música dentro del mercado extrajero. Buscan consolidarse internacionalmente como un proyecto que mostrará el talento y la gestión profesional del país. Sin duda sabremos más de esta banda en el futuro.

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