Colección El Rostro: INFILTRO 1
Ruidistas del mundo, me InFiLtRo (parte 1)
He querido mirar al gesto del noise como propuesta contracultural, ahora que el rock es parte de la masa. Con esto no quiero hablar mal de Queen y su película, que nos tiene hasta el cogote -me sumo al cliché de preferir que suene este grupo, y no tanto reguetón- quiero decir que veo en el rock a un cáncer social sanado milagrosamente por el poder del mainstream y la succión de lo convencional (léase la cruda metáfora con sarcasmo), y en el ruido la opción de disidencia y ruptura que heredamos de los abuelos de la distorsión.
El rock surge para desestabilizar al status quo caucásico de quien no podía creer que un par de afroamericanos abriera trocha a grandes copiones como Elvis o Beach Boys. Chuck Berry y Little Richard tocaron sus instrumentos de manera frenética, levantando la ingeniería del rock, que luego adoptarían los titanes del género, ya sin colores, en sus composiciones; como Hendrix o The Who. De esta forma se desordena al planeta, junto a la psicodelia, los beat y las frías paranoias post guerras mundiales, en parte gestoras del boom del (…inserte adjetivo…) arte abstracto y miríada de deconstrucciones.
Me gusta pensar que para escribir del ruido (noise, arte sonoro) he tenido que entrelinear hasta a la hecatombe nuclear. Considero que un (¿) concierto de ruido se trata de eso, de una explosión interna, de una implosión, de un bullicio que, si aún no lo han notado, estoy tratando de emular visualmente en este texto.
Para tratar el tema en lo local, quiero escribir en dos partes sobre una banda de noise rock capitalina llamada Infiltro, cuyos integrantes la portan en sangre y piel. Ha existido desde hace más de 15 años, entre sombra y distorsión. Ahora se promocionan con una producción de calidad y una alineación estable y poderosa, a través de un disco y tres videos que pueden encontrar en redes sociales. Es un trío que mediante hardware complejo, poderosos equipos de amplificación y escasa armonía, consiguen la disonante puesta en escena de temas como “Homoerroneus”, “Disforia” o “Mis sueños nadan en el Machángara” videos con los ahora que se promocionan.
Infiltro es una banda que no pretende nada más que cerrar la dulce paradoja de sonar bien, haciendo ruido. Son transparentes y reales, son políticamente incorrectos, fríos, crudos y estéticamente ambiguos; pueden aparecer en escena con pelucas fosforecentes y muñecas inflables, así como en jeans, gorros de lana y zapatos del trabajo mal lustrados. La banda abre camino al futuro de esta columna, que desarrollará una mirada a los ruidistas ecuatorianos de primera generación y todo lo que desde la segunda generación, esta banda ha aportado a dicha escena. En la siguiente entrega nos acercaremos a su origen y a la grieta por donde se infiltra el ruido en una banda que para el 2003 tenía intenciones netamente grungeras. Con la pista de su proyecto lateral, KuKuruchoxKlan, por ahora, me despido.

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